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Los riesgos de la automedicación
Los médicos siempre alertan sobre la automedicación, pero a pesar de ello esta es una práctica muy usual. ¿Cuántas veces pasa que nos sentimos mal y, en vez de asegurarnos de qué es lo que tenemos, preferimos ir al botiquín y tomarnos alguna medicina?. Este hábito supone algunos peligros, así que conviene que los conozcamos antes de insistir en la automedicación.
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El mal uso de antibióticos
Una situación típica: Fernando despierta con dolor de garganta y
un poco de congestión nasal. Tiene una semana dura de trabajo y no
puede faltar, una enfermedad estaría llegando en el peor momento.
Por eso decide tomarse un antibiótico.
El problema es que Fernando no sabe cuál es su enfermedad. Si, por
ejemplo, fueran anginas, tampoco sabría determinar si es causada
por un virus o una bacteria. Y, sin embargo, está tratándose con un
antibiótico. ¿Cuál es el problema? Que las bacterias pueden
desarrollar resistencia a los antibióticos, y una de las causas
principales sería el uso inadecuado de los medicamentos. Con la
automedicación, Fernando enfrenta el riesgo de que el antibiótico
no le sirva en el futuro. Y también generaría un riesgo para la
salud pública, ya que podría contribuir a que se formen bacterias
más resistentes y difíciles de tratar.
El mal uso de los analgésicos
Hace un tiempo, el Centro para el
Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) indicó que el
mal uso de analgésicos ya está causando más muertes en Estados
Unidos que la cocaína y la heroína combinadas. El hábito de tomar
analgésicos que requieren receta ante la aparición del mínimo dolor
también es riesgoso. Según el CDC, algunos analgésicos -como los
que contienen opioides- pueden causar adicción si son utilizados
con frecuencia, y suponen el riesgo de una sobredosis.
El riesgo de empeorar el
cuadro
En algunos casos, la combinación de determinados medicamentos con
enfermedades específicas podría conducir a la aparición de una
enfermedad peor que la que se quería tratar. En estas situaciones,
entonces, tendría sentido la famosa frase "el remedio es peor que
la enfermedad".
En conjunto, estos motivos refuerzan una de las recomendaciones
más habituales de los médicos: ante la aparición de síntomas de
enfermedad, lo mejor es consultar con un especialista. No
debemos tomar medicamentos si no tenemos un diagnóstico y una
prescripción médica.




