Qué nos dicen los bebés cuando lloran

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El llanto en los bebés cumple varias funciones y, en consecuencia, ocupa una parte importante de su tiempo. Lo más normal es que el llanto sea la forma a través de la cual los bebés nos comunican que se sienten incómodos –por ejemplo, porque tienen calor o frío- o que tienen hambre. Pero el bebé también lo puede utilizar para callar el mundo a su alrededor, defendiéndose de esta manera de una cantidad muy grande de sensaciones que lo abruman. A su vez, puede servir para canalizar la gran energía del bebé: muchas veces los bebés después de llorar un largo rato duermen mejor y están más tranquilos.  

En un principio, es difícil interpretar estos llantos del bebé, ya que pueden significar cosas muy variadas, pero después de un tiempo los padres aprenden a distinguir los llantos de sus hijos y responder a ellos se hace más fácil.

En principio, se puede decir que los llantos tienen determinadas características de acuerdo a lo que el bebé quiere comunicar. Cuando tiene hambre, es corto y de sonidos graves, y su volumen sube y baja en intensidad. Los llantos que expresan enojo, en cambio, son caracterizan por ser explosiones largas y turbulentas. Los de dolor surgen de repente y con un largo y agudo grito, para después detenerse en una pausa larga que se convierte en un gemido plano y alargado. Cuando el bebé quiere estar solo, su llanto es parecido al que emite cuando tiene hambre, por lo que habrá que distinguirlos según las circunstancias.

De todas maneras, a pesar de esta clasificación, los llantos del bebé no surgen de un modo tan distinguible. Suelen aparecer entremezclados: por ejemplo, un llanto que en principio es de hambre puede transformarse en un llanto de ira cuando el bebé no encuentra respuestas. Además, cuando los bebés son mayores empiezan a intercalar distintos tipos de llantos para reclamar por varias necesidades que sienten al mismo tiempo.

Durante los primeros cinco meses, siempre es recomendable responder rápidamente al llanto del bebé. A esta edad, la contención no malcría al bebé; todo lo contrario, responder a sus necesidades hará que llore menos.

Muchas veces lo que el bebé necesita es ser consolado. Por eso, cuando lo escuchamos llorar, primero tenemos que alzarlo. A veces esto no alcanza, así que hay que probar distintos métodos: hamacarlo en los brazos, acercarlo al pecho para que escuche los latidos del corazón, cantarle suavemente, etc. Si el bebé persiste en su llanto, es conveniente tomarle la temperatura para ver si tiene fiebre.

En todos los casos, hay que atender al bebé con un espíritu relajado. Incluso los bebés más chicos son sensibles a la tensión, y eso les genera más intranquilidad y más ganas de llorar. Por eso, cuando un adulto está tenso, es mejor que pida ayuda a otro miembro de la casa o de la familia para que consuele al bebé.

Para finalizar, debemos aclarar que es absolutamente normal que los bebés lloren. Los recién nacidos llegan a llorar hasta cuatro horas diarias. Por eso, los padres no deben tomar el llanto como algo personal: que el bebé llore no significa que sean malos padres. Sólo significa que el bebé tiene una necesidad, y que su única forma de comunicarla es con berrinches.

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